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La dilatación-torsión gástrica: urgencia en los cuadrúpedos

Tras la intoxicación, la dilatación-torsión gástrica es la urgencia más temida en perros. Con una tasa de mortalidad del 20-50 % es muy peligrosa. La torsión gástrica aparece en los perros normalmente de forma repentina y aparentemente sin motivo alguno. Precisamente, esto es lo que hace que esta dolencia sea tan traicionera. Prácticamente puede afectar a cualquier perro en cualquier momento. Por eso es fundamental actuar con rapidez y de forma correcta para evitar el peligro de muerte, así como secuelas y otros daños.

Como primeros síntomas clásicos de la torsión gástrica pueden aparecer un andar inquieto del perro de un lado a otro o un jadeo intenso con salivación llamativa. Si el perro muestra otros síntomas como encías pálidas (blanquecinas en lugar de rosáceas), la espalda arqueada, el abdomen duro e hinchado y frecuentes arcadas, se va concretando la sospecha de que se podría tratar de una dilatación-torsión gástrica, por lo que hay que llevar al perro al veterinario inmediatamente.

Para que todos los amos y amas sepan qué hacer en este tipo de emergencia, hemos recopilado los datos más importantes sobre la torsión gástrica.

El estómago del perro: un gigantesco almacén de alimentos

El estómago del perro funciona más como cámara de almacenamiento que como órgano digestivo. Tiene una capacidad de expansión enorme para almacenar alimentos. Por eso el perro puede comer mucho de un tirón e ir haciendo acopio, una gran ventaja en la naturaleza, donde no siempre encuentra presas. Sin embargo, esta capacidad tan ventajosa para la alimentación supone una desventaja para la posición del estómago que a raíz de ello es menos estable. Cuanto más lleno está el estómago, más susceptible es de desplazarse o girar, ya que prácticamente está suspendido de forma relativamente suelta en la cavidad abdominal sujetado por un aparato de flexibles ligamentos y tendones.
Aparte de las grandes cantidades de comida, la acumulación de gases también puede contribuir a que el estómago se llene de forma extrema. Los gases pueden surgir al ingerir aire cuando el animal come de forma muy precipitada, por falta de higiene en la comida y los correspondientes procesos de fermentación o también por una composición incorrecta del alimento. Así, por ejemplo, los niveles excesivos de carbonato de calcio al exponerse a los ácidos gástricos pueden convertirse en dióxido de carbono gaseoso, lo cual puede provocar gas y causar una dilatación-torsión gástrica.

Torsión total o parcial:

Cuando se produce una torsión gástrica, el estómago del perro, que está lleno y por tanto pesa, gira sobre su propio eje (mesentérico), comprimiendo todos los accesos y vasos sanguíneos del estómago y del tejido circundante. Esto interrumpe el flujo sanguíneo, lo que provoca un colapso circulatorio, la muerte del tejido y el deterioro de los órganos circundantes.

Además del bazo, por su cercana posición, el pinzamiento afecta principalmente a la entrada (esófago) y a la salida (intestino) del estómago. Esto implica que no puede entrar nada al estómago ni salir de él y que los gases se acumulan rápidamente en él. Por ello el animal parece que está hinchado y su pared abdominal muy endurecida.

Si esta mala posición del estómago no se corrige inmediatamente, la torsión gástrica puede provocar el fallecimiento del cuadrúpedo en muy poco tiempo. En caso de una torsión total, hay que operar al animal para que el cirujano devuelva el estómago a su posición correcta. Así podrá evaluar directamente los daños que ya se han producido debido a la torsión gástrica. Posiblemente haya que eliminar el tejido muerto para evitar sepsis. Una vez terminada la operación, el paciente precisa cuidados intensivos y corre un alto riesgo de fallecer por sepsis o insuficiencia cardíaca. Si se teme que esto se vuelva a repetir (recidiva), se sutura el estómago a la pared abdominal para evitar una nueva torsión gástrica.

En caso de una torsión gástrica parcial, se puede intentar tratar al animal sin cirugía, a través de una punción gástrica, para permitir la salida de los gases, así como con analgésicos y antiespasmódicos. Esto puede bastar para corregir la posición del estómago en una torsión gástrica parcial.

Alimentación incorrecta y predisposición genética: Causas de la torsión gástrica

Los ligamentos y tendones que sujetan el complejo formado por el estómago, el bazo y los órganos adyacentes en el abdomen no son rígidos, sino que pueden extenderse. Especialmente en los perros más viejos, esta suspensión ya no es tan firme, por lo que estos animales corren un mayor riesgo de sufrir una torsión gástrica. Además de la edad, hay varios factores de riesgo que pueden conllevar una torsión gástrica. Además de una gestión incorrecta de la alimentación con raciones demasiado grandes y una comida de baja calidad o con una composición inadecuada, la torsión gástrica también puede tener causas genéticas. En este aspecto, los perros grandes son más propensos a sufrirlas que los pequeños.

Los perros grandes, como los Retriever, suelen ser más propensos a sufrir una torsión gástrica a partir de los cinco años de edad, mientras que en las razas gigantes, como los gran daneses, el riesgo elevado se da a partir de los tres años. Como ocurre con muchas enfermedades genéticas hereditarias, la torsión gástrica se ve favorecida por la endogamia y la escasa mezcla del patrimonio genético dentro de una raza. Dado que es muy probable que la predisposición a padecer esta enfermedad sea hereditaria, a través de la cría se puede influir en gran medida si se favorece o se previene esta enfermedad. Si los padres o los hermanos ya han mostrado cierta tendencia a la torsión gástrica, a menudo otros perros de la misma línea suelen verse afectados.

Se considera que los pastores alemanes y los grandes daneses corren un riesgo especialmente alto de sufrir una torsión gástrica. Casi la mitad de los perros de estas razas sufren una torsión gástrica a lo largo de su vida.

Prevención

La alimentación y el racionamiento de las comidas influyen mucho en la prevención de la torsión gástrica. Por ello, hay que darles la oportunidad a nuestros perros de comer con calma. Al ser molestado por otros perros o bípedos, el perro puede sentirse perturbado y comer por ello de forma muy precipitada, lo que pueda llevar a una torsión gástrica.
Además, es aconsejable ofrecer al perro dos raciones más pequeñas por la mañana y por la noche en lugar de una sola porción enorme al día. De esta forma, el estómago no se llena demasiado y el aparato de sujeción del órgano no se sobrecarga. Después de las comidas, el perro necesita una hora de descanso para digerir los alimentos. Los perros muy ansiosos o nerviosos tienen un riesgo especialmente elevado, ya que la liberación de hormonas del estrés hace que el estómago se mueva con mayor intensidad. Una rutina diaria regular y una vida tranquila ayudan a nuestros perros a relajarse. Además, los remedios homeopáticos que encontrará en su clínica veterinaria pueden ser una buena ayuda para perros ansiosos. Sin embargo, hay que saber que el perro puede padecer una torsión gástrica en cualquier momento, incluso cuando se siguen todas las medidas de precaución y el perro no pertenece a un grupo con un riesgo especial de sufrir esta enfermedad.

Por eso, en general, es importante que los perros lleven una vida diaria cuidada y que tengan suficiente tiempo para comer y echarse una siesta. ¡En caso de dolor agudo e intenso con vómitos improductivos, reaccione siempre inmediatamente y lleve al perro al veterinario!


Razas en riesgo

  • Gran danés
  • Lebrel Irlandés
  • Boyero de Berna
  • Pastor alemán
  • Dobermann
  • Pastor de Brie
  • San Bernardo
  • Terranova
  • Rottweiler
  • Hovawart

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