¡El perro no es un caballo! Su baja tolerancia a los cereales
¡El perro no es un caballo! Esto que suena lógico es algo que, por desgracia, se olvida muchas veces al hablar de comida para perros. En lugar de carne fresca en abundancia, algunos animales, con lo que se topan con frecuencia es con menús con gran cantidad de cereales, algo a lo que no les queda más remedio que acostumbrarse, aunque no sea lo que por naturaleza está previsto para la alimentación de su especie. El perro, al igual que el lobo, del cual desciende, es un ser carnívoro y omnívoro, lo cual quiere decir que para que su dieta sea equilibrada, ha de ser fundamentalmente a base de carne y complementarse con fruta, verdura y hierbas.
Anatomía de este carnívoro
En el caso del perro, la producción de jugos digestivos la estimula únicamente la carne, lo cual es muy importante para comprender cómo ha de ser una alimentación acorde con las necesidades de la especie. Si lo comparamos con su cuerpo, el intestino del perro es casi siete veces más largo. Esto puede parecer llamativo, pero no es nada en comparación con la longitud del intestino de un herbívoro, que puede alcanzar más del doble. Estas enormes diferencias en la anatomía del intestino explican las diferencias entre los mecanismos de alimentación de un CARNÍVORO y un HERBÍVORO. Los carnívoros, por su intestino relativamente corto y su anatomía en general, no están preparados para el largo proceso de descomposición y aprovechamiento de grandes cantidades de cereales, ya que el bolo alimenticio no pasa el tiempo suficiente en el tracto gastrointestinal. En el caso de los herbívoros y del ser humano, el bolo alimenticio permanece más tiempo en el intestino, que también es más largo, lo cual, junto con la presencia de unos fermentos especiales para la digestión, permite aprovechar estos hidratos de carbono. Los herbívoros también pueden extraer nutrientes de cereales crudos, ya que su tracto gastrointestinal no solo tiene unas enzimas especiales, sino también unas grandes cámaras de fermentación, como el apéndice del caballo, que es gigante. En ellas se descomponen lentamente el almidón y los hidratos de carbono.
El perro solamente dispone de una pequeña cantidad de estos fermentos requeridos para el aprovechamiento de los cereales, por lo que no es capaz de aprovechar grandes cantidades de almidón. Al tratar de digerirlos, malgasta una energía importante que necesita para su consumo diario. Y si se sobrecarga su organismo con hidratos de carbono, esto puede afectar negativamente a otros procesos digestivos. Así, puede dar lugar a una fermentación incorrecta, lo que a su vez atacará la sensible membrana mucosa de su tracto digestivo. Cada vez son más los perros que tienen dañada esta barrera inmunológica natural, por lo que acaban desarrollando alergias e intolerancias a los cereales y el almidón.
Los perros y el mito de los cereales
"Alergias" y "cereales" son dos palabras que van casi siempre de la mano en las consultas veterinarias. En los perros, las alergias alimentarias producen picores, otitis, flatulencias y diarreas frecuentes. De entre las posibles causas de estas alergias, el gluten de trigo es siempre la que más atención reclama. Sin embargo, hasta ahora, la única raza en la que se ha demostrado científicamente una intolerancia hereditaria al gluten es el setter irlandés. En el caso de otras razas como el bóxer, el braco húngaro de pelo corto y varias de terrier, solo existe la sospecha. Lo que sí es seguro es utilizar cereales sin gluten, como el amaranto o la quinoa, en la dieta que dé a su perro. No obstante, por norma general, su comida nunca debería contener una proporción de cereales superior al 10 % de la cantidad total.
Como consecuencia del exceso de cereales y almidón en la alimentación de los perros se puede someter el páncreas a un esfuerzo exagerado, por lo que puede enfermar gravemente. La pancreatitis canina resulta muy dolorosa para el animal y cabe que el desenlace sea fatal.
Dado que los cereales se componen de hidratos de carbono los cuales, a su vez, están formados por moléculas de azúcar, si en la comida hay una gran cantidad de almidón y cereales, esto también puede dar lugar a una diabetes canina. Entre los perros, cada vez hay más animales que, como se suele decir, "tienen el azúcar alto". Esto es algo que también se debe a una dieta poco sana y no adecuada a la especie, la cual no satisface las necesidades naturales del perro y perjudica su metabolismo.
Sin sabor ninguno ni nutrientes
Aparte de las cuestiones relativas a la salud, las harinas de carne y cereales, un ingrediente más económico, no les aportan sabor a nuestros amigos carnívoros-omnívoros de refinado hocico.
Quien asume la responsabilidad de tener un animal tiene que hacerlo con todas las consecuencias y no pensar en ahorrar a la hora de darle de comer. Y la calidad se paga. Para que su perro lleve una vida sana, es fundamental darle una dieta saludable. Solo así logrará evitar las enfermedades de nuestra civilización como la diabetes, la obesidad y las alergias alimentarias.
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