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La piel del perro, una importante capa protectora

La piel es el órgano más grande del perro y cumple toda una serie de funciones, en parte, vitales. Así, es el órgano del tacto, indica el estado de ánimo y hace de barrera inmunológica y de escudo protector, además de ofrecer protección térmica y regular la hidratación. Los miles de millones de células cutáneas que tienen los perros protegen su organismo de las bacterias, los rayos ultravioleta, la deshidratación, el calor y el frío. Los millones y millones de células nerviosas que tenemos en la piel les dan a nuestros amigos peludos un delicado sentido del tacto que los protege del dolor al advertirles: de que se quemen una vez con la vitrocerámica, ¡seguro que por segunda ya no se quemarán!

Estructura y funciones de la piel
Como en el caso del ser humano, la piel del perro consta de tres capas: epidermis, dermis e hipodermis. La epidermis forma una capa córnea protectora que defiende al animal ante los agentes patógenos. Se renueva completamente cada cuatro semanas y, con sus 0,1 milímetros, tiene el grosor de un folio. Las células córneas están entrelazadas unas con las otras como si de ladrillos se tratara, de manera que la barrera que forman protege del exterior con gran eficacia. Al mismo tiempo, estas células crean una especie de "dique" mediante el cual se retienen en el cuerpo, que es el que las necesita, sustancias como el agua o los minerales. En el momento en que esta barrera cutánea tiene alguna irregularidad o grieta, las bacterias y los virus pueden entrar al organismo y dañarlo. Es así como se producen infecciones, reacciones inmunitarias y enfermedades.

La piel y el pelaje cumplen una serie de funciones de vital importancia para los perros y son mucho más que una mera protección pasiva. Como componente indispensable del sistema inmunitario que es, la piel ha de detectar qué sustancias suponen un riesgo y cuáles tiene que dejar pasar, e incluso cuáles son las que tienen estructuras del propio cuerpo, una tarea importante y extremadamente compleja que este maravilloso órgano realiza de forma magistral. Al detectar una posible sustancia extraña pone en marcha una reacción inmunitaria. Así, la fiebre, el síntoma que se puede observar desde fuera, es el resultado de una cadena de reacciones de defensa desencadena por la piel. Con el aumento de la temperatura corporal, se eliminan las bacterias patógenas sin que esto afecte a las estructuras propias del organismo y a todas las sustancias útiles absorbidas, por ejemplo, a través de los alimentos. Esa lucha constante entre los agentes patógenos y el sistema inmunitario es necesaria para que el animal pueda llevar una vida sana. Mientras los agentes patógenos buscan constantemente nuevas formas de "engañar" al sistema inmunitario, las propias defensas se vuelven también cada vez más "listas".
Pero al igual que ocurre con el progreso tecnológico, un sistema inmunitario que es cada vez más "moderno" también es, en cierta medida, más susceptible de errores y desviaciones. En este caso, las consecuencias negativas pueden ser alergias, enfermedades autoinmunes y enfermedades inmunitarias.

Una cuestión peliaguda: el pelaje
La piel del perro cumple, además, otra tarea fundamental: producir el pelaje y mantenerlo intacto.
Aparte de darle un look inconfundible a cada raza, el pelaje es vital para la supervivencia del animal, pues lo calienta y lo refresca, le permite mantenerse seco y lo protege de elementos externos. Al mismo tiempo, es un medio de comunicación y expresión indispensable para el perro. Así, cuando se le ponen los pelos de la nuca de punta, esto es una señal de amenaza y, si le ocurre por todo el lomo, de inseguridad y miedo. Con estas señales nuestros amigos indican de forma muy clara a otros perros cómo se sienten en ese momento.

El pelaje, que cambia en función de la edad, la raza, la temporada y el sexo, realiza una importante labor termostática. En invierno, un pelaje grueso y acolchado protege bien al animal de la nieve y las heladas. En verano, el perro cambia este pelaje de forma automática por uno más fino. El look veraniego natural garantiza que llegue aire suficiente a la piel para que el perro no pase demasiado calor. Dado que el pelaje se compone básicamente de proteínas, la nutrición influye considerablemente en su calidad. Así, si el pelaje está como debe estar, esto es una señal de que al animal se le está dando una alimentación buena y equilibrada.

La piel, espejo del alma
Un pelaje sin brillo, con grandes calvas o con caspa... La piel y el pelaje dicen mucho acerca del estado en que se encuentra el perro en general y son un indicador de su situación de reacción interior: el primer sitio donde se hacen patentes los trastornos metabólicos y hormonales o los problemas psíquicos es en la piel y el pelaje. Si la barrera inmunológica se ve afectada por esta reacción, como consecuencia, se producen infecciones secundarias y otros daños. Además de problemas en el crecimiento del pelaje, pueden producirse alteraciones en la pigmentación o en la cornificación. En consecuencia, algunas zonas de la piel tienen un aspecto mucho más oscuro o más claro o en ellas se producen costras cornificadas de gran tamaño.
Para conservar una piel sana y que haga bien sus funciones, es fundamental que la dieta del animal sea saludable y equilibrada. Una dieta con deficiencias no tarda en hacerse notar a través de síntomas en la piel y el pelaje. Por eso es buena idea complementarla con cinc, aceite de linaza o biotina, sobre todo en la época de muda.
La dermatología en la práctica

En veterinaria, la dermatología sigue siendo una disciplina relativamente joven. Debido a la creciente diversidad de enfermedades en la población canina actual, es cada vez más difícil para un veterinario generalista hacer un diagnóstico especializado, por lo que, en caso de duda, resulta útil consultar a un especialista del campo en cuestión. Los veterinarios especialistas en dermatología pueden hacer pruebas muy concretas que permiten llegar a un diagnóstico preciso. Uno de los ejemplos típicos es la biopsia cutánea (extracción de muestras de tejido). Para hacerla, se retiran con el bisturí las capas de piel superficiales y se analizan. Esto permite detectar parásitos y agentes patógenos en la piel. El cáncer de piel también se puede ver realizando pruebas más minuciosas de las capas de la piel.